miércoles, 21 de abril de 2010

Miradas decepcionadas

Hoy no tenía sentimientos. Caminé a casa porque debía hacerlo, no tenía ganas pero tampoco flojera, simplemente era a donde tenía que llegar. Ya se siente el frío…, llegué a ponerme pijama y a echarme, en la cama de mamá, a ver televisión. A descansar un minuto, a hacer una pausa dentro de tanto movimiento. No quiero pensar ni preocuparme. Después de jugar un ratito con Gianluca y sus plastilinas, me senté frente a la pantalla. Debía empezar una búsqueda, pero de pronto, los sentimientos se asomaron por la puerta. Solo echaron un rápido vistazo, pero fue suficiente para hacer que los siga. Me dirigí entonces al bosque de antaño. Reposé en las pocas hojas que todavía deja el otoño y me acomodé pero, por dentro, todavía estaba incómoda. Recordé y pensé que mejor es así, tal cual están las cosas. Porque no vienen al caso las miradas decepcionadas y amargas. Ni los silencios infinitos que mueren por ser asesinados. El tiempo es infinito y es lo único que me abriga en este momento.

1 comentario:

Rolf Soldtwedel dijo...

el fantasma del viejo recuerdo!! bueno! muy bueno!